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Monasterio de Jokhang: un crisol de cultura y espiritualidad en el Tíbet

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En el corazón de Lhasa, Xizang, el monasterio de Jokhang concentra siglos de historia, espiritualidad budista y tradiciones culturales que permanecen vivas entre peregrinos, monjes y visitantes. El templo, construido en el siglo VII, forma parte del conjunto histórico del palacio de Potala inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial.

El recinto fue construido por el rey Songtsen Gampo alrededor del año 642. Las tradiciones históricas atribuyen a sus esposas, Bhrikuti, de Nepal, y Wencheng, de China, la llegada de diversas imágenes budistas procedentes de India, entre ellas la venerada figura de Jowo, conocida como el joven Buda.

Un templo central para el budismo tibetano

El monasterio cuenta con cuatro pisos y tejados cubiertos con azulejos de bronce dorado. En la parte superior, dos figuras doradas de ciervos flanquean una rueda del dharma, símbolo asociado con la enseñanza budista y el orden universal.

La imagen de Jowo Shakyamuni ocupa un lugar central en la devoción del templo. De acuerdo con la tradición, representa a Siddhartha Gautama, el príncipe que alcanzó la iluminación y dio origen al budismo.

Peregrinos en la calle de Barkhor

Alrededor del monasterio se encuentra la calle de Barkhor, una ruta circular que atraviesa el casco antiguo de Lhasa y funciona como espacio de peregrinación, intercambio comercial y encuentro comunitario.

Algunos peregrinos recorren el circuito mediante repetidas postraciones. Juntan las manos, se inclinan hasta quedar tendidos en el suelo y vuelven a levantarse para repetir el gesto. Debido a la exigencia física de esta práctica, utilizan guantes y rodilleras.

Murales, incienso y mantras

En el interior del templo se conservan murales con representaciones de antiguos budas y columnas de madera decoradas con figuras de animales fantásticos. El incienso se extiende por las distintas estancias y acompaña los cantos y las oraciones.

En algunas salas, monjes vestidos con túnicas púrpura meditan sentados sobre cojines. La práctica se acompaña de la repetición del mantra “om mani padme hum”, una de las expresiones más reconocibles de la tradición budista tibetana.

Entre banderas multicolores, rondas infantiles, peregrinaciones y ceremonias religiosas, Jokhang conserva una identidad en la que conviven arquitectura, memoria histórica y espiritualidad. Su presencia en Lhasa lo mantiene como uno de los principales referentes culturales y religiosos del Tíbet.